jueves, 19 de marzo de 2020

EL COVID DESDE MI TERRAZA - DIA CINCO

DIA CINCO – JUEVES 19 DE MARZO 

A POR LA RUTINA

 

 

 

      Dicen los psicólogos que para llevar bien este encierro hay que crear una rutina así que a ello voy. Las mañanas son siempre fáciles, lo que peor voy a llevar son las tardes. Pero ya tengo mi ordenador. 

      A pesar de mi edad he decidido volver a las andadas. Como el gimnasio está cerrado he desempolvado a mi  Jane Fonda de toda la vida, la misma que me acompañó durante gran parte de mi juventud y madurez. Todavía me sé la tabla de memoria, aunque eso sí, cuesta más que antes, pero hay que ponerse. Es una hora al día a lo que sumo lavadoras, recogida de casa, cocina etc. La mañana se va en un tris. La rutina no tiene ningún misterio.

      También ocurren cosas. Hablo con mi vecina belga que está en su terraza. Ella en francés y yo en español. No sé cómo, pero nos entendemos. Su marido estaba en la playa dando de comer al cisne. Porque algunos tienen perro, otros gatos, pero nosotros en el vecindario tenemos un cisne. El pobre animal no puede volar, porque tiene un ala dañada debido a un accidente hace ya años con un barco.  Dice mi vecina que el veterinario llamó a su marido para ver como andaba el cisne ya que ahora nadie se ocupa de él. Llevaba desde el inicio del confinamiento sin comer. Es un decir porque al tratarse de un animal en estado salvaje, se supone que el mismo se busca la vida. Pero nuestro cisne, al que llamamos Paca, está muy domesticado y acostumbrado a recibir su plato diario de manos de su cuidador, un holandés, Pepe, que de momento no puede acercarse para los cuidados del animal. 

      Así que ahí en la playa estaba mi vecino belga dando de comer al cisne en un acto de flagrante desobediencia.  Yo también me apuntaré a pesar de las prohibiciones, porque el corona virus no se va a llevar a nuestro cisne por delante. Supongo que todo el mundo está de acuerdo con el hecho de que tener un cisne en la playa y poder nadar a su lado es un hecho extraordinario.  De su especie es probablemente el más mimado y fotografiado de todo el universo. Hay además un movimiento ecologista alrededor de Paco que cuenta con los cuidados de vecinos y veraneantes además del veterinario que viene con regularidad para analíticas.

      Mi vecina me cotillea también que los del tercero, que son extranjeros, llegaron el sábado y que el domingo,  como en este mundo hay gente para todo, bajaron a la playa para remojar sus esqueletos. No sé si el coronavirus había llegado a su país, pero creo que a estas alturas del calendario no quedaba país sin pandemia. El caso es que el Covid no iba con ellos. Y mi vecina, que no había perdido detalle de lo acontecido vio que nada más mojarse los pies  llegó la policía para explicar que no se puede salir a la calle así sin más y menos aún para darse un baño. ¡Qué hay confinamiento! ¡La calle es solo para lo imprescindible! 

       ¡Estos extranjeros! Pero es lo que hay si vives en la costa en un lugar de turismo y frente al mar. 

      Y hablando de la policía. Por la mañana me di cuenta de que caía un chorro de agua de la terraza del quinto. Llamo a la vecina del cuarto para ver que ocurre y ella me cuenta que no está muy segura pero que los dueños del piso estaban en casa. Me quedo tranquila, pero la policía no tanto. Llega el coche patrulla, aparca, los dos agentes salen del vehículo, dan vueltas, miran y vuelven a mirar. Finalmente, viendo que yo estaba en la terraza tendiendo ropa, me preguntan. Les digo que es del quinto, les abro el portal, me entretengo un rato y como dice mi marido, hago amistades en medio de la cuarentena. 

      Veremos a ver como salimos de esta. 

 

 










EL COVID DESDE MI TERRAZA - DIA CUATRO

DIA CUATRO – MIÉRCOLES 18 DE MARZO 

SOLO FALTAN CLINT EASTWOOD Y SERGIO LEONE

 

       Hoy es un día triste. Nadie quiere que nos vayamos, pero sé que es la decisión correcta. De momento estamos seguros de poder regresar a nuestro lugar de residencia. Dentro de unos días las cosas pueden cambiar y aunque aquí no nos falta de nada, andamos sobrados de amor y cariño, en casa estaremos bien. 

      Estábamos seguros y nuestro viaje lo confirmó. No había casi tráfico. Algunos camiones cargados con esos alimentos que luego desparecen del supermercado como por arte de magia y coches caravanas con matrículas extranjeras de regreso a sus casas. Alemanes, franceses, holandeses e ingleses que, supongo yo, por temor al cierre de fronteras adelantaron su regreso vacacional. Extranjeros jubilados en su mayoría que pasan los meses de invierno en España, evitando así el frío y la nieve en sus propios países.

      Poco tráfico y ningún sitio abierto para tomar café. Jamás he visto esta carretera tan solitaria, tan desértica y hasta tan abandonada. El paisaje ya de por sí es un desierto y la ausencia de coches me recordaba a la película de Mad Max, de 1979, protagonizada por un jovencísimo Mel Gibson.  En cualquier momento me esperaba una persecución policial por la autopista, pero no, esto no es Australia.

      Tampoco veo por ningún lado a Clint Eastwood en su papel de duro, durísimo, de los espagueti western de Sergio Leone con la música maravillosa de Ennio Morricone. De hecho, las películas se rodaron en estas tierras que todavía guardan los poblados construidos para narrar la historia de una muerte que tenía un precio, y ese precio era un puñado de dólares que se disputaban uno que era bueno, el otro malo y tercero feo. Me encantan esas películas.

      500 kilómetros en cinco horas, normalmente tardamos seis, así que no estuvo del todo mal. Sin tráfico, con buen tiempo y lo más sorprendente, sin ningún control policial en la carretera. Es más, ningún guardia civil a la vista. 

      La idea era llegar a tiempo para recoger mi ordenador que estaba en el taller por defunción del Windows 7 (maldito Windows, la broma me ha costado un pico) y hacer algo de compra para días venideros. En el reparto de tareas me tocó ir al supermercado y no tardé en sentirme protagonista de una película de terror.

     Para entrar había que guardar cola, luego una vez dentro desinfección de manos y carro. ¡Y la gente! Nos mirábamos todos como si estuviéramos infectados con el virus más mortal de nunca jamás dispuestos a contagiar al que se nos acercara. Todo el mundo se miraba de reojo, nos apartábamos el uno del otro. Realmente daba miedo.

      Creo que nunca he comprado tan rápido ¡Con lo que a mí me gusta elegir las cosas! La compra, sobre todo la de comida, tiene que ser un placer porque es lo que te alimenta, lo que te hace crecer, engordar y ser feliz. Pues nada, deprisa y corriendo y lo justo. Menos mal que pude adivinar una sonrisa debajo de la mascarilla de la cajera que me saludó con alegría. Yo era una cara conocida.

      Regreso a mi hogar, dulce hogar. 

 










EL COVID DESDE MI TERRAZA - DIA DOS


DIA DOS – LUNES 16 DE MARZO

 

EL EXTRAÑO ASUNTO DEL PAPEL HIGIÉNICO

 

 

 

     Siempre me he considerado como una persona normal, del montón, pero el segundo día del confinamiento llegué a pensar que a lo mejor no era tan normal porque no había salido corriendo al supermercado, como casi todo hijo de vecino, para hacer acopio de rollos y más rollos de papel higiénico. Recuerdo de mi época laboral que uno de los temas de conversación más habituales en el trabajo, quitando el fútbol de los lunes, era los problemas de estreñimiento del personal. Y digo yo ¿si hay tanto estreñido, para que tanto papel higiénico?

      En ese mismo instante quedó claro que el mundo se había vuelto loco porque las noticias que llegaban de otros países contaban la misma historia con prácticamente idénticas imágenes.

      Era como el primer día de rebajas, con todos los compradores amontonados a la puerta de la tienda esperando el pistoletazo de salida para luego tirarse en plancha sobre los rollos de papel higiénico en un intento de acaparar la mayor cantidad posible. Después todo el mundo sale de la tienda con cara de satisfacción y con los carros llenos de papel como si estuviera en oferta y además fuera un auténtico plato “gourmet”. ¡Vaya por Dios!

      El caso es que por mucha gracia que nos hacía esta locura por el papel higiénico, algunas noticias sobre el asunto eran alarmantes. En Australia, por ejemplo, algún que otro comprador, sacó su navaja para hacerse con el ansiado paquete de rollos. Está claro que con el papel higiénico no se juega.

       Los psicólogos no tardaron en explicar la razón por esta obsesión y todo se reduce al volumen. Comprar algo grande nos tranquiliza en momentos de incertidumbre y si además es barato, pues eso, toca papel higiénico.

     Pero a lo que iba. Llegó el lunes y el asunto de los supermercados, al margen de los ansiados rollos, se convirtió en la imagen apocalíptica del fin del mundo. Como si todas las personas supieran que el día de mañana no iba a asomar por la puerta. El hecho me dejó aterrada porque no tengo costumbre de acumular cosas, y menos aún comida, así que llegué a pensar que por culpa de mi falta de previsión podríamos morirnos de hambre.

       n la despensa faltaban cosas y también algún que otro capricho porque si vamos a estar encerrados lo mejor es pasar el tiempo disfrutando de la cocina. Había muy poca gente en la calle y en la tienda los justos. Claro ¡no había casi nada para comprar! Los estantes, las cestas de fruta y verdura, carnes, etc. ¡Todo vacío!      



            Pensé que esto solo ocurría en las guerras, cuando no hay suministro de víveres, pero no en una pandemia. Las dos situaciones son muy graves, pero uno de los pocos sectores que podía seguir con su actividad dentro del Estado de Alarma era el de la alimentación. Además, los responsables de las grandes cadenas de supermercados habían asegurado que los alimentos llegarían puntualmente a las tiendas. Pero al parecer nadie se lo creyó ya que de la misma forma que los carros se llenaban de paquetes de papel higiénico también se llenaban de todo tipo de alimentos con caducidad programada y que el comprador habitualmente nunca adquiría.


     Y los chistes no tardaron en circular por las redes sociales. Decía uno que en esta crisis el pueblo tiene un papel muy importante; el higiénico, mientras que otro mostraba un cuadro de una familia feliz del pintor colombiano Fernando Botero. Otros tenían muy claro que si no nos mata el virus sufriríamos todo tipo de enfermedades causadas por toda la comida que nos vamos a meter en el cuerpo. Subida de tensión, colesterol, obesidad. ¡Y esto solo el segundo día! No podía ni imaginarme los chistes dentro de una semana. ¡Esto va a ser la bomba!

    



EL COVID DESDE MI TERRAZA - DIA TRES


DIA TRES – MARTES 17 DE MARZO 

200.000 MILLONES

  

 

     Esa es la cifra anunciada por el presidente para paliar los efectos del coronavirus y Estado de Alarma. Escucho la cifra y me mareo y también me pregunto de donde van a sacar tanto dinero. Como no pongan en marcha las impresoras de billetes de la Real Fábrica de Moneda y Timbres no se me ocurre nada porque el país no está como para hacer derroches y el contribuyente, que es el que paga todo ¡se ha quedado sin trabajo!

      A esta cifra se sumaron  otras, todas respaldadas por la Unión Europea porque una pandemia es lo que tiene, afecta a muchos países y la economía mundial tiene lo que yo llamo “efecto de arrastre”, si uno se hunde arrastra consigo a los vecinos y a muchos conocidos. Esto es una pandemia, una emergencia sanitaria, pero sobre todo es una catástrofe económica a escala internacional.

      ¿Cuánto tiempo puede resistir un país sin actividad económica? No tengo ni idea, pero desde luego la alarma sobre lo que se nos echaba encima ya había sonado en el mes de febrero, cuando los organizadores del Mobile World Congress, que se celebra en Barcelona, decidieron suspender el evento debido al virus y del número de renuncias recibidas por parte de las empresas participantes. Las grandes “telecos” del mundo, los que tienen nuestras vidas en sus manos a través de las redes sociales, los que saben exactamente lo que se cocina en el universo y en cada uno de los hogares de la tierra, anunciaron que suprimen la presentación de sus novedades mega billonarias. Los poderosos de la comunicación han comprendido el peligro del virus.

      Seguimos a 500 kilómetros de casa y todavía no tenemos claro si regresar o quedarnos. De momento han cerrado las fronteras entre las comunidades, está prohibido entrar o salir, aunque siempre podemos volver a nuestra residencia habitual. Solo han pasado tres días, pero todo apunta a que el Estado de Alarma se prolongará más de lo esperado.

      En tres días el número de contagios ha subido en casi 3.500 y el de fallecidos duplicado con respecto a los primeros días. El virus ha entrado con fuerza en las residencias de la tercera edad convirtiendo a nuestros mayores en su principal víctima. Las noticias son devastadoras, hasta tal punto que parece un virus destinado a eliminar a todos los que superen los 80 años de edad. Los hospitales están a tope y los sanitarios trabajando más allá de sus fuerzas. Son las noticias con las que nos bombardean insistentemente los medios de comunicación, no solo para mantenernos informados sino supongo también para concienciarnos de la gravedad de la situación.

      Como ayer fuimos a comprar hoy toca cocinar. Es algo que me encanta así que me encierro en la cocina y ahí van infinidad de platos veganos, vegetarianos, además de guisos de carne, pavo con salsa, con verdura, sin ella. Todo para llenar el congelador.

      Pero vuelvo a lo de antes. Yo no sufro estando en casa, siempre hay cosas para hacer, pero, y aquí hay un pero. No estamos en nuestra casa y no tengo mi ordenador, mis cosas, mi rutina. Hay que decidirse y lo hicimos. Mañana volvemos a casa muy a nuestro pesar, porque esto se va a prolongar y es mejor que cada uno esté en su sitio. Además, con un bebé en casa en cuanto menos personas entren y salgan, más seguro.

      Mañana nos vamos.

 

 

 











EL COVID DESDE MI TERRAZA - DIA UNO

REFLEXIONES EN UN ESTADO DE ALARMA

 

 

 

     Puedo decir y lo digo,  además lo digo con voz alta y clara, para que nadie se confunda, para que todos me entiendan sin fisuras, sin posibilidad de caer en malentendidos o confusiones y lo digo, porque puedo decirlo, con toda lucidez después de haberlo meditado profundamente, y por eso lo digo: “¡Estoy hasta las mismísimas! ¡Estoy harta! ¡Estoy hasta las narices!”.

      ¿Por qué digo esto? Hagamos memoria.   

 

 

DIA UNO – DOMINGO 15 DE MARZO

 

ESTADO DE ALARMA ¿ESO QUE ES LO QUE ES?

 

 

      Hoy es 15 de marzo del 2020. Ayer, Pedro Sánchez presidente del gobierno español, había declarado el Estado de Alarma y la cuarentena de los ciudadanos. Cuatro días antes, el 11 de marzo, la Organización Mundial de la Salud proclamaba de forma oficial que la circulación del Covid 19 se había convertido en una Pandemia mientras que varios meses antes, muchos médicos, tanto españoles como de otros países, habían alertado sobre la rápida y peligrosa expansión del Coronavirus.

      El caso es que ese 15 de marzo había una ligera confusión entre los españoles ya que muchos pensaban que la cuarentena empezaba el lunes, pero no. Sorpresa para todos aquellos que salieron a la calle para el aperitivo del domingo y fueron devueltos de nuevo a sus casas por prescripción policial. 

     El Estado de Alarma nos pilló a 500 kilómetros de casa y cayó en mi organizado universo de pensionista como una auténtica bomba informativa. El caso es que no sabíamos bien que hacer, si volver a casa o quedarnos con nuestra hija y yerno para ayudarles con el bebé.  A fin de cuentas, dos semanas se pasan enseguida y aunque no podíamos salir nos haríamos al menos compañía mutua. Optamos por seguir unos días más con el nieto para ver como evolucionaba la situación epidemiológica y también la laboral de los jóvenes. Los dos confinados en casa sin poder trabajar y ¿cobrar? Porque el teletrabajo en ambos casos no es una opción.

      A lo largo de toda la democracia española solo se había decretado el Estado de Alarma en una ocasión anterior. Fue durante la huelga de los controladores aéreos en el 2010 que causó un caos sin precedentes en gran parte del espacio aéreo europeo. Se trata de un instrumento, un marco legal que permite controlar las actividades y el movimiento de la población durante un determinado tiempo.

     Supongo que todos los países democráticos tienen una legislación parecida con la que los gobiernos pueden organizar las entradas y salidas de los ciudadanos en situaciones de emergencia con el fin de evitar males mayores.       En España tenemos el Estado de Alarma, el Estado de Sitio y el Estado de Excepción y la fórmula elegida para luchar contra la pandemia del Covid-19 ha sido el de Alarma. Se aprobó mediante un decreto por el consejo de ministros y con una validez de 15 días. El Congreso de los Diputados fue debidamente informado sobre el asunto y ahí quedó eso.

      En total quince días de confinamiento con movimientos muy limitados. Quedaba restringida la salida a la calle salvo para asuntos de extrema necesidad como ir a la farmacia, al supermercado, médico, pasear al perro o comprar el periódico. La prensa se convirtió así en un objeto de necesidad vital. ¡Y yo que pensaba que nadie leía ya la prensa! De eso se quejan al menos los propios periódicos que dicen que no venden. En cuanto al trabajo, todos a teletrabajar en la medida de lo posible. Esto significa el cierre de todos los comercios y de gran parte de actividades que sustentan la economía española. Pequeñas y medianas empresas, negocios familiares, tiendas de barrio; todo dejó de existir de un día para otro y nadie sospechó el desastre que se avecinaba.

      Pero teníamos que habernos dado cuenta. La idea era frenar en seco la expansión del Covid-19 para minimizar el impacto en la población de un virus altamente contagioso y muy caprichoso en su forma de dañar al enfermo. Era, es y probablemente seguirá siendo durante mucho tiempo un enemigo invisible que ataca a escondidas. Pero insisto que teníamos que habernos dado cuenta porque la OMS había declarado el 30 de enero que el brote de Covid-19 constituía una emergencia de salud pública de preocupación internacional.

      Pero como la cosa venía de China y eso está muy lejos pues no hace falta darse cuenta. Aquí en Europa todo es diferente. Al menos eso es lo que pensábamos en enero y también en marzo.

      Cuando la noticia del Estado de Alarma y el confinamiento entró en nuestras vidas como un terremoto, teníamos que haber caído en la cuenta de que la ciudad de Wuhan ya llevaba más de mes y medio cerrada a cal y canto con sus habitantes con miedo hasta para asomarse por la ventana. Ellos llevaban desde finales de enero confinados, pero nosotros todavía no habíamos visto asomar las orejas al lobo. En España había entonces 7.753 enfermos y 288 fallecidos y la cosa iba “in crescendo”.

     De ahí el Estado de Alarma. 15 días. A ver qué pasa, pensaba yo sin grandes esperanzas. Porque si hay prorroga, como en los partidos de fútbol, ya no hay decreto del consejo de ministros que valga. El gobierno necesita la aprobación del Congreso de los Diputados. No sé, no sé, tal y como está el patio entre los políticos y sus ansias por destacar habrá más de una discusión sobre el tema y probablemente con palabras mayores.

 

 

 












domingo, 25 de noviembre de 2018

DIVERTIMENTOS - GASTRONOMIA DE ALTOS VUELOS

DIVERTIMENTOS - GASTRONOMIA DE ALTOS VUELOS 

   Desde el pasado jueves 22 de noviembre hay en la provincia de Alicante una pregunta en el aire: ¿que está pasando con la gastronomía de esta región? Ese mismo día tres cocineros de otros tantos establecimientos alicantinos fueron bendecidos por la Guía Michelín con una estrella. Hablamos de Cristina Figueira, chef del El Xato, en la Nucía, Enrico Croatti, de Orobianco en Calpe y José Manuel Miguel, responsable de la cocina de Beat, también en Calpe. Con estas tres nuevas distinciones, Alicante se convierte en la cuarta provincia con más locales "estrella Michelin" de España, superada solo por Barcelona, Madrid y Girona. Hace menos de una década solo había cinco restaurantes alicantinos con estrella Michelin mientras que hoy son ya 11 los establecimientos que pueden presumir de la máxima distinción gastronómica mundial. Así que la pregunta queda en el aire: ¿que está pasando con la gastronomía de esta región?
   Supongo que los comensales no se paran a pensar en que dirección va el desarrollo de la cocina alicantina ya que su labor se centra en degustar lo que se sirve en la mesa. El análisis propiamente dicho es un trabajo de profesionales, de los propios cocineros, que no solo se centran en la cocina y en los productos que están en el mercado de toda la vida, sino que salen (casi literalmente) a la calle en busca de nuevos manjares. 
Foto Rafael Calvete 

   Así en el CDT de Alicante nos sorprende el chef David Ariza, al frente de un equipo de estudiantes,  con el Mesembryanthemum crystallinum, más conocida como Anémona de Tierra. Se trata de una planta con hojas anchas y papilosas, muy crujientes y sabrosas. David Ariza asegura que crecen en el campo y que es cuestión de salir a recolectar y sorprender llevando la imaginación al poder. Y eso es exactamente lo que ha conseguido con el menú ofrecido a los socios de la AAPET, Asociación Alicantina de Periodistas y Escritores de Turismo en la sede del CDT de Alicante.
   El Centro de turismo de Alicante fue inaugurado en 1994 con la mirada puesta en la formación de los profesionales del sector y en el más amplio sentido. Así, en cuanto a la gastronomía se refiere la renovación es constante y por sus fogones pasan innumerables chefs de prestigio con la tarea de formar a nuevos cocineros para que en el futuro sean capaces de darle un nuevo toque a los sabores alicantinos. 
Foto Rafael Calvete 

  

 De esta forma,  entre sorpresa y sorpesa nos encontramos con un menú basado en productos autóctonos y en los sabores de la tierra. Que a nadie le sorprenda un puré de tomate asado y salazón o un samisalazón con turrón, porque estamos en la tierra del tomate y también de los turrones.
Foto Rafael Calvete 




¿O porque no una cigala frita con salsa de cangrejo o una sepia en escabeche? Y claro, no puede faltar el arroz, uno de los productos estrella de esta tierra que en esta ocasión se ha convertido en un sabor de hierbas silvestres, haciéndole un guiño a esa anémona de tierra que tanto ensalza el plato. 


Foto Rafael Calvete

lunes, 29 de octubre de 2018

FALE NEWS - EL TORO Y LA LUNA

FAKE NEWS - EL TORO Y LA LUNA

   Se me ponen los pelos de punta tan solo pensar en las consecuencias que esta noticia  puede tener sobre nuestros toros. Y no me refiero solo a los de lidia o los sementales destinados a mejorar la raza  de nuestro ganado vacuno. No, no me refiero solo a esos ejemplares, sino también a los  que conforman  el símbolo del paisaje español, guste o no guste, porque para gustos están los colores. Me refiero a los toros gigantes que adornan nuestras carreteras y que han sobrevivido la prohibición de las vallas publicitarias a lo largo de las vías. 
Foto Rafael Calvete 
   Siempre pensé, desde muy pequeña, que esos son los toros enamorados de la luna, tal y como escribió Carlos Castellano Gómez hace ahora unos cincuenta años. Una canción con más de doscientas versiones, algunas con más, otras con menos acierto, pero todas con el estribillo inolvidable de "ese toro enamorado de la luna, que abandona por la noche la maná...."
   Pero a lo que voy. Mi toro enamorado de la luna se va a volver loco, estoy segura. Y se va a volver loco porque el Instituto de Investigaciones Aeroespaciales de Chengdu, en China, está trabajando en la creación de una nueva luna, artificial por supuesto, con un brillo ocho veces más intenso que nuestra luna de toda la vida. Pero ¿porque una luna artificial si ya tenemos una de "carne y hueso"? 
Foto Rafael Calvete 
   Pues la respuesta ya la dió hace siglos Francisco de Quevedo cuando escribió aquello de "poderoso caballero es don dinero". Se trata por supuesto de ahorrar en iluminación nocturna. Toda una ciudad, la de Chengdu, la tercera más grande al oeste de China, podría disfrutar de la luz lunar durante la noche como si fuera el mismísimo sol. Factura eléctrica en descenso y atracción turística  en ascenso. 
   La idea es lanzar "esa cosa" en el 2020 y ponerla en funcionamiento dos años más tarde. Se trataría de una especie de satélite compuesto de múltiples paneles que reflejarían la luz solar desde el otro lado de la tierra. La idea china, sin embargo, no es original ya que en 1990 científicos rusos presentaron un proyecto similar destinado a iluminar una zona de Siberia.
Foto Rafael Calvete
   ¿Pero alguien ha pensado en las consecuencias? Todos sabemos el influjo que la luna tiene sobre los humanos, nuestra flora y fauna ¡por no hablar de los mares con sus mareas altas y bajas! Además en la Gran Barrera de Coral de Australia muchas especies de coral dependen del brillo de la luna para que su magia reproductiva se convierta en realidad. ¿Y si hay dos lunas? Esos corales se volverán locos. 
   ¿Y mi toro? ¡El que se enamora de la luna que se está peinando, que es bravío y de casta valiente! ¡Toda la valentía se le va a ir por los cuernos cuando vea dos lunas! ¡Como si de pronto tuviera dos amantes! Y las lunas se enzarzarán en una disputa de amoríos y nuestra historia, llena de romance, se convertirá en una tragedia con tintes de color de sangre. 
Foto Rafael Calvete