sábado, 18 de abril de 2020

EL COVID DESDE MI TERRAZA - DÍA TREINTA Y CUATRO


DIA TREINTA Y CUATRO – VIERNES 17 DE ABRIL 

EL CONTRIBUYENTE – INSISTO E INSISTIRÉ 

 

 

      Soy un Crack. Pero un auténtico Crack. Como no tengo abuela me lo digo yo misma.

      Ya lo dije en uno de los primeros días del confinamiento. Muy pronto seremos todos unos auténticos expertos en ordenadores y en la red de redes. Como no hay ayuda tenemos que resolver los problemas nosotros mismos. Además, Google está para algo, digo yo. Con la cantidad de tutoriales que hay en la red es cuestión de buscar. Pero es necesario algo de paciencia para dar con alguien capaz de explicar las cosas de una forma coherente. Eso es lo más difícil. Los genios de la informática suelen tener una mente amueblada a su manera, carente de toda lógica para el usuario mortal.

      El caso es que yo soy un Crack, porque ya se bajar vídeos de Youtube, guardarlos en un pendrive, hacer mis “playlist” en el móvil, conectar por wifi el móvil a la tele, sobre todo el WhatsApp y más virguerías con las que no os pienso aburrir. ¡Pero si eso está chupado dirán los jóvenes! Para ellos sí, pero para mí, que soy una jubilada, no. No soy de la generación de la informática, pero soy capaz de aprender. Y me siento bien por ello. Estoy orgullosa.

     En estos días también he aprendido lo importante que es cuidarse. De ahí mi gimnasia todos los días, una hora mínima, y una alimentación acorde con lo que consideramos sano, mucha fruta, verdura, algo de carne roja, legumbres y por fin, pescado. Por cierto, que mañana toca un arroz con rape y calamares.

      Pero a lo que iba. Al margen de la alimentación me he dado cuenta de lo importante que son los aperitivos. No paran de hablar de ello en los informativos y aunque personalmente me gustan, me preocupa la importancia que se le está dando al vino, al vermut, cerveza y demás bebidas con alcohol. No soy abstemia, me gusta un buen vino, pero cada vez se habla más del tema y en el supermercado algunas de las estanterías vacías son las que precisamente ofrecen este producto. Soy de las que piensan que todo es bueno, pero en su justa medida y no sé yo si después de este confinamiento, muchos tendrán que visitar una clínica de rehabilitación para deshacerse de algunos vicios adquiridos.

      Claro que si solamente es eso podemos darnos con un canto en los dientes. Porque este encierro está destruyendo psicológicamente a muchas personas, sobre todo a las que viven solas y no me refiero solo a la gente mayor, sino también a jóvenes que se han visto atrapados sin quererlo en un piso de muy pocos metros cuadrados. No sé si los que nos tienen encerrados lo han llegado a pensar. Porque hay personas cuya vida gira entorno a sus paseos diarios, a la charla vespertina con la amiga o al café matutino con la hija. Ahora no hay nada de nada. Hay muchas personas que tienen todas las papeletas para sufrir una fuerte depresión sin remedio porque en este momento pasan los días alejados de su esencia vital debido al coronavirus,

      Como he dicho sigo  informativos de diferentes países. Entre ellos el de Suecia, país donde no se han tomado grandes medidas de emergencia, todo el mundo sigue en la calle y el virus, curiosamente, se extiende con menos rapidez que en otros lugares donde los ciudadanos viven encerrados.  Nadie sabe la razón, pero es así. Claro que el país tiene al igual que todos sus problemas sanitarios y también económicos ya que hay restricciones y las empresas van como van. El Gobierno sueco tiene que poner dinero, igual que en España y en casi todos los países europeos. Hay que pagar a los parados, a los autónomos, costes extra de sanidad y todo lo que esta crisis está engendrando.

      Pero a lo que voy.  En las noticias de España se hace hincapié en la cantidad de dinero que el Gobierno va a destinar a X.  En las noticias de Suecia se hace hincapié en lo que esta crisis le va a costar al contribuyente. Porque señores, el Gobierno no es una máquina de hacer dinero. Un dinero que luego reparte y que parece, según las noticias, que los diputados magnánimamente sacan de su bolsillo. Aquí los únicos que sacan el dinero de su bolsillo gracias a su trabajo e impuestos son los contribuyentes. Y me pregunto ¿seguimos pagando la deuda millonaria que nuestro Gobierno contrajo con la Unión Europea para salvar a la banca del país? Si alguien sabe la respuesta me la diga, por favor.  

      Y también por favor que alguien le explique al Gobierno lo del contribuyente porque parece que no se ha enterado. Los préstamos de hoy son las deudas de los contribuyentes españoles del mañana.

      Que a gusto me he quedado.

      Hoy hemos comido tarta.

      Mañana ya es sábado. A ver si sale el sol para alegrarnos el día.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
































viernes, 17 de abril de 2020

EL COVID DESDE MI TERRAZA - DÍA TREINTA Y TRES


DIA TREINTA Y TRES – JUEVES 16 DE ABRIL 

VIAJE AL PASADO 

 

 

      Hoy hemos disfrutado de un día soleado. Da mucha alegría ver el sol y a mí personalmente me llena de vida. Claro que lo mejor sería si pudiéramos disfrutar de sus rayos a nuestras anchas, paseando o tumbados en la playa, pero me temo que eso tendrá que esperar.

      De momento me he conformado con dar un paseo a la farmacia y a la pescadería. El otro día no fui y sigo con el mono de pescado fresco. Teniendo en cuenta que normalmente comemos pescado unas cuatro veces por semana y que llevamos un mes sin probarlo, al menos ese tan fresco como a mi me gusta, pues eso, un mono auténtico. Ha sido un paseo agradable, poca gente en la calle y un sol espléndido. Y una merluza al horno que ¡para que os voy a contar! Sabiendo que la pescadería sigue abriendo como siempre volveré a las andadas la semana que viene.

      Definitivamente la limpieza general puede esperar un poco más. ¿Qué prisas tengo en hurgar en los armarios para ver que se tira o no? Pues la verdad, ninguna. Después del pescado me he liado con la gimnasia, las cosas de la casa, cocinar, mis plantas, buscar historias en internet. En fin, que se va la mañana y no queda tiempo para limpieza. Las tardes están para otra cosa.

      Me gusta descansar un poco después de la comida. La siesta me duerme el telediario o lo que es lo mismo, yo no duermo siesta, la siesta me duerme a mi durante el telediario. Justo cuando empiezan las noticias deportivas abro los ojos y cambio de canal. Así consigo mantenerme desinformada.

      Luego es hora de estar en el estudio con las fotos de mi vida. Es un viaje al pasado, con todo lo que eso conlleva. Se que no soy la única que anda liada con los recuerdos inmortalizados ya que he hablado con amigos y parece que es un "mal" común entre muchos. Estoy además convencida de que algunas de nuestras imágenes son las mismas porque somos amigos de toda la vida y hemos crecido juntos, no solo en la infancia, sino también en la adolescencia y en la madurez. Nuestros hijos han crecido juntos, son amigos, y ahora tenemos la esperanza de que nuestros nietos, que no tienen la misma fortuna porque están cada uno en una punta del mundo, al menos tengan la oportunidad de conocerse y quién sabe, a lo mejor también se hacen inseparables.

      En esta época de confinamiento tenemos tiempo para muchas cosas, entre ellas pensar en todas las personas que han llenado tu vida. La amistad no tiene precio de la misma forma que la ayuda incondicional no la tiene. Ellos están ahí, para lo que haga falta, y yo estoy para ellos cuando lo necesitan.  Amigos con los que has llorado, pero sobre todo reído. Personas a las que no necesitas decir nada porque ya te conocen tan bien que lo saben todo. Te han apoyado en ese difícil trayecto de construir una vida divertida, a veces hasta rozar el escándalo. ¡Y sino, que se lo digan al Congo! Porque entre todos juntos fuimos buscando y al final encontramos el Congo.

      Todo esto surge cuando repaso las imágenes de mi vida. Los recuerdos van brotando según voy ordenando las fotos. Mi memoria, sin embargo, sobre todo para fechas, es un desastre. Pero para eso también están los amigos así que cuando me pierdo en los años, WhatsApp va, y WhatsApp viene. Es genial.

      Ya casi hemos superado la semana y me pregunto cuanto quedará. Porque esto a largo plazo va a resultar dañino. ¿Se recuperará la sociedad de este encierro?

     
       Mañana es San Viernes y nosotros estamos de cumpleaños. 
  
       Haré una tarta para que no se diga.











jueves, 16 de abril de 2020

EL COVID DESDE MI TERRAZA - DÍA TREINTA Y DOS


DIA TREINTA Y DOS – MIERCOLES 15 DE ABRIL 

TODO ES PREVISIBLE 

 

 

      Un día más hemos salido a nuestras terrazas a rendir tributo a todos los que trabajan en el sector sanitario. Aplaudimos hasta que nos duelen las manos y los brazos, pero hay que decirlo, todas las personas que trabajan en los hospitales se lo merecen. También los de las ambulancias, protección civil y fuerzas de seguridad, sin olvidar los guardas forestales y los voluntarios que están haciendo posible que este túnel, largo y oscuro, tenga un final. Aunque de momento solo sea un final imaginario porque verlo, lo que se dice ver, no lo vemos.

      Lo que si tengo claro es que si tenemos que confiar en los políticos vamos listos.  Porque creo que ni ellos mismos saben lo que están haciendo, van dando palos de ciego a ver si aciertan en algún momento. Pienso que no se merecen estar ni en el congreso ni en el senado, una institución, por cierto, cuya labor no está claramente definida. Tampoco me merecen la confianza los gobiernos de las comunidades y tan siquiera los locales. Claro que la culpa la tenemos nosotros por haberles votado sin exigir nada a cambio. Se que en otros países tampoco lo están haciendo bien ¿será verdad eso que dicen que les ha pillado de sorpresa?

      Recuerdan el analista entrevistado el otro día en la televisión que decía que este tipo de catástrofes, sobre todo económicas, están previstas por expertos y por la estadística. Pienso que los gobiernos tienen la obligación de estar preparados. Pues bien, Bill Gates auguró hace muchos años una gran guerra entre los humanos y los virus y lo mismo dijo Obama hace ahora cinco años. Ambos hicieron hincapié en que los países tienen que movilizarse con el objetivo de estar preparados para estos acontecimientos.

       ¿¿¿¿???? Pongo interrogaciones porque me hago muchas preguntas. El mundo ha sufrido en los últimos cien años ocho pandemias, incluyendo el Ébola y el VIH. Eso da una pandemia cada doce años y medio. El último comenzó en el 2012, y digo comenzó porque tuvo algunos rebrotes, así que esta, la de ahora, era de esperar. Figuraba ya en el calendario de análisis estadísticos.

      Hablan de la Inteligencia Artificial, de que ahora están haciendo todo tipo de cálculos matemáticos para saber cuándo y dónde van a ir surgiendo los brotes de este coronavirus para poder tener la sanidad preparada. ¡Ahora! ¡A buenas horas! Mientras tanto se está minando la infancia de los niños, la vida de muchos mayores, la tranquilidad de los adultos y el futuro de toda una generación de jóvenes que será la que tendrá que lidiar con los restos de la catástrofe. Suspiro por no gritar.

      Hoy era el día del inicio de la limpieza general. Pero no. Lo he dejado para otro día. Porque como decía mi madre, porque voy a hacer hoy, lo que tenía que haber hecho ayer y puedo hacer mañana. Total, nos queda por lo menos un mes así que tengo tiempo de sobra. Además, hoy no hacía día como para ponerse a hacer limpieza ya que ha sido un día triste, con lágrimas cayendo del cielo y nubes escondiendo los rayos de nuestro gran dios Ra.

      Pero que nadie se crea que me he quedado parada. Estoy inmersa en reorganizar mi vida, fotográficamente hablando, y eso, os lo aseguro, es una tarea muy complicada. Los años, las bodas, los cumpleaños, todo se mezcla en un gran ovillo que hay que desenredar. Es muy entretenido y también divertido porque me vienen recuerdos que pensaba olvidados. Lugares y personas, hechos divertidos, pero también tristes. Y fiestas, muchas fiestas. Es una forma de hacer balance de lo vivido y de soñar con vivencias nuevas que tendrán lugar en los próximos años. Porque habrá un próximo año.

      De momento un nuevo día que será mañana. Jueves número 33.

 

 














miércoles, 15 de abril de 2020

EL COVID DESDE MI TERRAZA - DÍA TREINTA Y UNO

DIA TREINTA Y UNO – MARTES 14 DE ABRIL 

EL IDIOMA QUE NOS “(DES)UNE”

 

 

      Hoy se ha notado la vuelta al trabajo. Han pasado por la calle muchos más coches que la semana pasada y además han salido algunos pesqueros. Mañana creo que me voy a acercar a la pescadería a ver si hay suerte. Tengo muchas ganas de tomarme un buen pescado fresco. También tengo que ir a la farmacia, aunque me da pereza salir de casa. Pero si lo pienso la calle es el lugar menos peligroso para los contagios. No hay nadie que te pueda toser encima, tan siquiera alguien a quien saludar. Será un paseo agradable, al menos 500 metros de ida y otros tantos de vuelta. Estará bien.

      Esta mañana he hablado con mi vecina. Dice que pasa los días con altibajos. No se debe de entretener con demasiadas cosas así que sus horas pasarán más despacio que las mías. Tiene 75 años me cuenta que al menos está aprovechando el tiempo para estudiar español. A ver si termina de aprender algo porque lleva muchos años en España, pero no habla el idioma.

      Claro que no es la única. Al igual que ella muchos de los extranjeros que viven en las costas españolas disfrutando de su dorada jubilación solo hablan su propio idioma. ¿Y porque no han aprendido el nuestro? Supongo que se debe a que cuando llegan ya son mayores y les resulta difícil aprender mientras que otros, que han venido incluso para trabajar, nunca lo intentaron porque nadie les ha obligado o porque no han querido.

      Luego hay otro factor muy importante y es que viviendo aquí en la costa no necesitan hablar español. Se reúnen con amigos de sus propios países, se van a restaurantes ingleses, franceses, holandeses o belgas donde tampoco necesitan nuestro idioma, e incluso en las tiendas de la zona, los mercados, mercadillos y demás comercios se indica claramente que se habla de todo, hasta ruso.

     Claro que a mí esto me parece una falta de respeto por parte del extranjero que vive aquí. ¡Ay del pobre español si no aprende alemán en Alemania, inglés en Inglaterra, francés en Francia y así sucesivamente! Por eso chapó por mi vecina.

      Recuerdo ahora una amiga de mi madre que venía a visitarla dos veces al año. Supongo que empezó a venir con 70 ya cumplidos y hasta los 85. Ni palabra de español, por supuesto. Pero de profesión es farmacéutica con lo que me imagino que la curiosidad la lleva por dentro. Además, porque no decirlo, es bastante cotilla, en el buen sentido naturalmente, así que siempre que venía compraba la prensa rosa. Reyes por aquí, reinas por allá, famosas y famosillos con sus fotos y unos textos mínimos y un buen diccionario. ¡Y aprendió! Al menos lo suficiente como para entender algo del telediario, mantener una mínima conversación y disfrutar de “Cuéntame que paso”, la serie de Televisión Española. Adorable la amiga de mamá que todavía me coge el teléfono cuando la llamo.

      Voy a ver si soy capaz y me pongo a estudiar francés que hay muchos cursos online y ahora se supone que tengo tiempo. Aunque no sé de dónde sacarlo. Todavía no he empezado a hacer limpieza general. Empezaré mañana. Calculo que nos queda un mes de encierro y así tengo tiempo de hacer las cosas con tranquilidad. Incluso descubriré rincones en mi casa que tan siquiera sé que existen, pero seguro que están ahí. ¡Y la de cantidad de cosas que terminarán en la basura!

      Hoy he vuelto a dedicar algo de tiempo a mis flores ya que tienen pulgón. ¿Alguien tiene un buen remedio casero contra ese bicho tan desagradable? Por favor, me lo diga. Mañana volveré al ataque a ver si consigo asustarlos. Se que es la época, pero terminan siendo una lucha constante.

      Mañana os cuento si he encontrado pescado fresco. ¡Que rico!

      Será miércoles, vamos a por una semana más casi superada.

 

 









martes, 14 de abril de 2020

EL COVID DESDE MI TERRAZA - DIA TREINTA


DIA TREINTA – LUNES 13 DE ABRIL 

UNA CATASTROFE ANUNCIADA  

 

      Hoy es un día extraño porque es festivo, pero no lo es. Algunas comunidades autónomas tienen este lunes de pascua marcado en rojo en el calendario laboral mientras que otras lo anotan como verde, eso es, día de trabajo. Podría decir que poco importa en estos días de encierro si el lunes está en rojo o verde pero no es así. Me explico. Hoy es el día en el que muchas personas han regresado a sus puestos de trabajo después de permanecer en sus casas durante treinta días para evitar la expansión del virus. No sabemos si se trata de un retorno paulatino a la normalidad con la reincorporación poco a poco al trabajo en los diferentes sectores económicos o si es solo un movimiento de ficha por parte del gobierno para ver qué pasa. Espero que sea lo primero porque eso indicará que en algo hemos acertado en la lucha contra nuestro enemigo invisible, una lucha que ya está empezando a ser un poco agotadora.

      Y me pregunto ¿Cómo se les ha podido ir de la mano esta situación?

      Entrevistaron en la televisión a un analista que aseguró que esta crisis era conocida y esperada por todos los gobiernos porque hay estudios sobre el tema. Tal vez no la esperaban en estas fechas, tal vez tampoco en forma de virus, pero los estudios coyunturales apuntaban a que se acercaba el momento de una nueva crisis mundial. Si es así creo que la obligación de los gobiernos es estar preparados para afrontar el mal que viene. El analista hacía hincapié en que todos los países estaban alertados, sabían que se avecinaba una catástrofe y si ahora dicen que les ha pillado por sorpresa es porque o son unos ignorantes o mienten descaradamente. Ahí lo dejo.

      Como he dicho, en estos tiempos es de agradecer la existencia de Internet, redes sociales, Facetime, WhatsApp, Skype o lo que sea. Porque, aunque nos han incomunicado no estamos incomunicados. Las líneas andan "calentitas" con todo lo que “cuelgan” a diario y me maravilla el ingenio que tiene la gente para entretenerse y entretener a los demás porque algunas ocurrencias son de lo más graciosas.

      Creo que nunca he hablado tanto con amigos y familia como ahora, incluso con los que están al otro lado de la tierra. Tengo sobrinos en Australia que me escriben y me cuentan lo que hacen en su confinamiento, porque ahí también viven con precaución. Las medidas obligadas y las prohibiciones se han extendido por todos los países del mundo menos uno: Suecia. Ahí solo han decretado algunas normas como cerrar las clases presenciales en institutos y universidades. Por lo demás la gente puede entrar y salir de sus casas sin vigilancia policial. Espero que el gobierno sueco no tenga que arrepentirse de no haber sido más estricto en estos tiempos del coronavirus.

      Y se nos fue otro fin de semana y otro lunes. Esta será nuestra quinta semana de encierro salvo para aquellos que ya tienen permiso para acudir a sus puestos de trabajo.

     ¡Ánimo a todos! No solamente resistiremos, sino que además lo superaremos. Estoy deseando salir a dar un buen paseo.

     Mañana es martes, todo el día.

 

 












lunes, 13 de abril de 2020

EL COVID DESDE MI TERRAZA - DIA VEINTINUEVE

DIA VEINTINUEVE - DOMINGO 12 DE ABRIL

LA MADRE DEL CORDERO 


      Aquí lo del buen cordero no lo entienden. Se que hay mucha gente a la que no le gusta, pero a mi me encanta. Bueno, de hecho, me gusta casi todo, y así me van las líneas, las curvas quiero decir ¡Y yo sola me río!¡Que más da! Sobre todo ahora, en estos momentos tan tristes. 

      Pero vamos a hablar del cordero. Hace dos semanas tomamos el aperitivo con unos amigos en Madrid, podrí decir imaginariamente, pero no, con la tecnología de hoy en día todo se hace muy real. Yo había preparado un suque de pescado y ellos un cordero al horno ¡Ay mi envidia y nada sana! Si hay algo que me gusta a rabiar es un buen cordero al horno hasta tal punto que cuando voy a Madrid compro uno como Dios manda y me lo traigo. O cuando vienen amigos a casa saben que la llave de mi puerta es un cordero lechal. ¡Que le vamos a hacer!¡Estoy perdida con el cordero! Sera por eso que fui la maestra de ceremonia de la Ilustre Orden de los "Comecorderitos". Pero eso es otra historia.

       Ahora a lo que vamos, al cordero que hoy he preparado con todo amor y cariño. No era como el que compro en Madrid pero no tenía mala pinta y pensé que al menos podía intentarlo. Usé mi olla mágica de barro, comprada en Marruecos y en la que nada nunca jamás se ha echado a perder. Está claro que de la ilusión también vive el hombre aunque esta se desvaneció con el primer bocado. No voy a decir que estaba malo, porque no lo estaba, pero años luz del que he preparado en Madrid o del que se sirve en Segovia, Burgos o en el resto de las regiones camino al norte. No era lechal, tampoco la madre del cordero, supongo que un intermedio y de sabor regular. Que pena penita pena.

      Pero no me voy a centrar solo en el cordero que por estas fechas se sirve en muchas mesas sino también en los amigos y en el tiempo que ahora tenemos para recuperar el contacto. Porque en este domingo he vuelto a hablar con amigos de los que no sabía nada desde hacía 15 o 20 años. 

       Hay que ver como pasa el tiempo y nosotros sin darnos cuenta. Y lo peor es que no hay ningún motivo para el distanciamiento,  nada nos ha impedido seguir en contacto, solo la pura dejadez humana. Pero ahora hemos vuelto a hablar. Y que curioso. Seguimos ahí, amigos felices, como si no hubiera pasado ni un segundo de nuestras vidas o al menos esa es la sensación que tenemos. Si, estamos más viejos, ya somos abuelos, nuestros hijos más mayores, nos hemos mudado, y así hasta el infinito. Pero son solo hechos externos porque nuestro interior sigue intacto y nuestra amistad también. Solo han ocurrido cosas a alrededor de nuestras vidas, fuera de ellas también, pero nuestro interior sigue intacto. Nos hemos visto por el WhatsApp como si el tiempo se hubiera congelado. Maravilla del mundo y de la amistad. 

      A ver una hora de aperitivo maravilloso, luego el cordero y después hora y media de comunicación con mi nieto de seis meses que entre miradas, sonrisas y gestos se hace entender perfectamente. El me entretiene a su manera mientras que sus primos más mayores cantan, bailan y me enseñan sus videojuegos y manualidades. Esta claro que el confinamiento se hace más llevador con la tecnología.

    Así se va el día sin contar que estuve otra hora entretenida cocinando con mi hijo, el en su cocina y yo en la mía mientras que nos contábamos nuestras cosas. 

        Vivo sola con mi marido, pero mi casa esta llena de gente. Todos los días entran amigos, vecinos o familia.  Estoy, estamos, siempre con los nuestros. todo el mundo en nuestra casa. Fantástico. 

domingo, 12 de abril de 2020

EL COVID DESDE MI TERRAZA - DIA VEINTIOCHO

DIA VEINTIOCHO – SABADO 11 DE ABRIL 

EL DÍA DE LOS HUEVOS DE PASCUA 

 

 

      ¡Feliz día de Pascua! 

      Hoy ha sido un día estupendo no solo porque ha amanecido con un sol espléndido y una temperatura maravillosa, sino también porque ha estado lleno de actividades. No sé en qué se ha ido el día, pero me he liado a hacer cosas y de pronto se ha hecho de noche. Y echo la vista atrás y me pregunto ¿Qué he hecho? Supongo que todo y nada pero lo que es seguro es que no tiene la más mínima importancia. Lo que sí que sé que he hecho es preparar una comida fuera de lo normal porque hoy es un día especial.

      ¡Es Pascua! Un día de profundo significado para los cristianos pero que con el paso de los siglos se ha ido mezclando con otras tradiciones que no guardan relación alguna con la religión. Sin embargo, todo tiene su historia. Es el caso de los huevos de pascua o la mona de pascua, costumbres que se remontan en el tiempo y que tienen mucho que ver con el final de la cuaresma. El huevo era considerado carne por lo que no se podía consumir durante los cuarenta días que hay entre el miércoles de ceniza y el día de Pascua. Pero eso que se lo digan a las gallinas que seguían poniendo.

      Antes la sociedad de consumo, la del derroche, no existía y los alimentos eran sagrados. Los huevos no se podían tirar así que se conservaban hervidos y luego se consumían en Pascua. Esta es la explicación que a mí me resulta más verosímil y lógica, aunque hay otras y  para todos los gustos. Luego la idea de un huevo duro ha ido evolucionando convirtiéndose en un dulce para el deleite de los pequeños y de los mayores.

      En la actualidad intercambiar huevos de chocolate en Pascua o incluso esconderlos para que los niños los busquen está muy extendido por todo el mundo. Es una diversión como cualquier otra y nunca me la pierdo. Ni estando confinada por lo que he ideado un juego para esconder los huevos con mis hijos a distancia.  Yo escondo mis huevos de chocolate en mi casa para que los busque mi hija y ella los suyos para que yo los encuentre. Luego, a través del WhatsApp nos vamos dando pistas, indicamos donde creemos que están los huevos y a lo tonto se va hora y media de risas, gritos e ilusiones.

      Hoy día de Pascua toca además una comida especial, porque es fiesta. No hay nada como una mesa bien puesta, alegre con colorido y recetas que se diferencian de los que servimos a diario. Comida gourmet para el placer del paladar en este ya cuarto sábado de encierro pandémico. Hay que aprovechar la situación y disfrutar de lo que todavía tenemos con la esperanza de que no nos lo quiten: nuestra propia alegría. La misma que demostramos todas las tardes cuando aplaudimos a todos aquellos que trabajan por mantener vidas, orden y seguridad.

      Hoy paso mucho de política, pero no puedo dejar de comentar una noticia que he escuchado en la televisión. En muchos estados de Estados Unidos están recomendando el uso de la mascarilla a la hora de salir a la calle. Los americanos entrevistados dicen que les parece correcto porque así, si son portadores del virus sin saberlo, evitan contagiar a los demás. Todos a favor. Menos Trump. Él dice que, si va a saludar a presidentes, reyes, dictadores o ministros, la mascarilla no va con él.

      Respiro profundamente y sonrío por no llorar.