viernes, 24 de abril de 2020

EL COVID DESDE MI TERRAZA - DÍA CUARENTA

DIA CUARENTA – JUEVES 23 DE ABRIL 

MAS – CARILLA – MAS – BARATILLA

  

 

      Mascarillas a 96 céntimos. Pues va a ser que no.

      Lo primero que hago es ir a la Farmacia. En la puerta, como siempre desde hace meses, hay un gran cartel que indica “No tenemos mascarillas”. Aun así, hay que preguntar, porque se les puede haber olvidado quitar el cartel. ¡Quién sabe! También son humanos lo que trabajan ahí. Así que pregunto ¿tienen mascarillas? Pues no, responden, para vender no, solo tenemos para mayores de 65 y con tarjeta sanitaria.

      ¡Bingo, esa soy yo! Con la tarjeta sanitaria te dan tres mascarillas ¡sin coste alguno! Ya sé que no es mucho, pero es menos que nada. También sé que no protegen contra el Covid 19, quiero decir, no me protege a mí directamente, pero si a los demás por si yo tuviera el virus. Sea como sea me voy la mar de contenta con mis mascarillas. Y aunque no proteja me siento protegida y los demás te miran también con otra cara.

      Primer objetivo resuelto así que vamos a por el segundo. Me dirijo al Mercado donde se encuentra la mejor pescadería del pueblo y también las buenas fruterías. ¡Y vaya recibimiento! La frutera encantada de verme, estaba hasta preocupada porque no me había visto en casi dos meses y en la pescadería igual. Todos contentos y yo también de verlos a ellos porque a fin de cuentas llega un momento que parecen hasta de la familia. Además, en la pescadería tenían Gallineta que me encanta así que ¡a comprar!

      Segundo objetivo resuelto y fui a por el tercero tan contenta. Tocaba supermercado y a pesar de que no llovía había muy poca gente en la tienda. Llené el carro a conciencia y de vuelta a casa.

      Me he dado cuenta de que hacer la compra ahora es bastante más lento que hace unos meses. No sé por qué. Nuestro paso no es tan ligero y tengo la sensación de que lo que realmente intentamos es prolongar lo máximo posible la salida a la calle. Aunque no nos guste, pero como es la única excusa para poder salir, pues eso, la dilatamos en el tiempo.

      Farmacia, mercado, y super en un mismo día, no está mal. Así que de vuelta a casa me entran unas ganas tremendas de tomarme una caña.

      ¡¿Caña?! ¡Eso que es lo que es! Hará dos meses que no me tomo una porque las cervezas en lata no cuentan. ¡No es lo mismo! Siento decirlo, porque donde esté una caña bien tirada, fresquita, con la espuma en su justa medida que se quite la cerveza en lata, el quinto o el tercio.

      Esa caña tan maravillosa que nos sacia no solo de la sed del momento, sino que también nos llena la vida de alegría y amistad. Porque las cañas se toman con amigos, en grandes grupos donde el jolgorio va y viene de boca en boca. ¿Nos dejarán tomar cañas en un futuro? Pero tomarlas como se hace aquí en España, con risas, abrazos y diversión. No en soledad, escondidos en la esquina de un pub mal iluminado con un triste partido de fútbol como telón de fondo.

      Me asomo para ver cómo va la obra del Tsunami. Va despacio, muy despacio. Y me prometo a mí misma que una de las primeras cosas que haré cuando "nos suelten" será bajar al chiringuito y tomarme una caña.

 



























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